Sobre el Pritzker

Este premio fue establecido por la Hyatt Foundation en 1979 y toma su nombre de la familia Pritzker, cuyos negocios se recogen en la ciudad de Chicago. El apoyo de esta familia a la educación, actividades culturales, científicas y médicas es conocida. El premio fue fundado por Jay A. Pritzker y hoy en día es su hijo mayor, Thomas J, Pritzker, el presidente de la Fundación.

La medalla de bronce que se entrega a los galardonados se basa se los diseños de Louis Sullivan, arquitecto considerado el padre de los rascacielos. En un lado aparece el nombre del premio, y en el otro hay tres palabras inscritas: firmness, commodity and delight que se corresponden con los Tres Elementos de la Arquitectura de Henry Wotton en referencia a lo escrito por Vitrubio en sus Libros de Arquitectura: “el final es construir bien. Las buenas construcciones tienen tres condiciones: solidez, utilidad y belleza”.

El jurado este año ha estado formado por Lord Peter Palumbo, Alejandro Aravena, Rofl Fehlbaum, Carlos Jiménez, Juhani Pallasmaa, Renzo Piano, Karen Stein y Martha Thorne, un grupo de expertos de reconocido prestigio en los diferentes campos de la arquitectura, negocios, educación y cultura, todos presentes ya en las nominaciones de años anteriores. Durante la nominación, ningún miembro de la familia Pritzker está presente. La celebración de la ceremonia de entrega del premio tendrá lugar el 17 de mayo en Ellis Island en Nueva York. El lugar de celebración de las ceremonias es elegido antes que el galardonado sea seleccionado, por lo que no hay ninguna conexión entre ambos. Se eligen lugares diferentes como homenaje a la arquitectura de otras épocas o trabajos de pasados galardonados.

http://www.hoyesarte.com
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~ por volicionepistemica en mayo 14, 2010.

Una respuesta to “Sobre el Pritzker”

  1. Estoy convencido que la arquitectura se ha equivocado en dejar como soportes de su razón de ser, solo los tres elementos de vitrubio. Firmitas, utilitas y venustas. Hay algo que es más importante que esos tres. Me refiero al espíritu y a la comunicación que hay entre el edificio y el ser humano. La belleza, la utilidad y la firmeza no son suficientes para evolucionar. Hay que direccionar la arquitectura para que esta le hable permanentemente al oido a las personas y las estimule a la evolución del espíritu en busqueda incansable hacia Dios.

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